La presentadora ha reaparecido ante los medios con catorce kilos y medio menos después de una dieta

Han pasado siete meses desde que Vicky Martín Berrocal se iniciase con el plan Forté Pharma, basado en el ejercicio y en hábitos de comer saludables. Ahora, ha reaparecido ante los medios con catorce kilos y medio menos, todo un cambio con el que afirma sentirse mucho mejor.

La presentadora reconoce que con la marcha de su hija Alba a Estados Unidos para estudiar, vivió momentos de ansiedad en los que le dio por comer y le costaba incluso subir las escaleras de casa. No se encontraba bien y no dudó en aceptar el reto cuando la marca se lo propuso. Volcada desde hace unos meses en su faceta televisiva al frente del programa ‘Tendencias’, en TEN, Vicky Martín Berrocal no tira la toalla ante un posible acercamiento entre Manuel Díaz y Manuel Benítez. Incluso afirma que será ella misma la que dé un paso adelante y pelee por ese encuentro tan esperado.

Pregunta: Hace tres meses que te propusiste un cambio físico, ¿se te ha hecho duro?

Respuesta: No, cero. La primera vez en mi vida; he flipado. Les he dicho que no me dejen, que me sigan acompañando.

P.: ¿Cuántos kilos has adelgazado?

R.: Catorce kilos y medio en tres meses.

P.: ¿Qué es lo que más te ha costado?

R.: Soy muy disfrutona, siempre he dicho que me gusta mucho comer. Me gusta vivir, salir, entrar y comer, de manera intensa. Lo más complicado para mí ha sido quitarme el dulce, es mi debilidad. Todo lo que me gusta es inmoral, ilegal o engorda (ríe). He estado a régimen toda mi vida, desde que nací, pero nunca había conseguido lo que he logrado ahora. Conozco todos los regímenes pero no me habían enseñado a cambiar mis hábitos.

P.: ¿No has tenido ni un día de querer tirar la toalla?

R.: No, no lo he pasado mal. No he tenido ni un día de ansiedad ni de tentaciones, incluso viendo a los demás comien chocolate. No he tomado dulce excepto el día de mi cumpleaños, que pedí tarta con galleta de chocolate. He salido por la noche y he tomado agua, excepto tres días, el día de mi cumpleaños, la boda de Fonsi y el viernes de feria.

P.: ¿Has conseguido lo que querías?

R.: He conseguido esos catorce kilos y medio. Les dije que serían quince pero algo ha pasado con ese medio kilo (ríe). En la boda estaba todo el mundo en las barbacoas y yo comiendo gambas y verduras. He aprendido a comer y creo que jamás volveréis a verme de otra forma. He descansado, tengo energía y me lo noto en la piel, no tengo falta de nada.

P.: Dices que has estado a dieta desde niña, ¿tenías complejo?

R.: No. ¿Me has visto a mí alguna vez con complejo? No he tenido complejo nunca, pero no me encontraba bien, me costaba subir las escaleras de mi casa. Se me juntaron mil cosas, se fue mi hija, me quedé sola en casa, y tenía mucha ansiedad, lo pagaba todo con la comida. Ahora me he dado cuenta de lo importante que es lo que comamos.

P.: ¿Qué te ha dicho Alba de este cambio?

R.: Alba está siguiéndolo también; me empezó a ver y se apuntó. El otro día no se creía que pudiese estar así. Ella está en América y allí se come mal, en la casa en la que está me dice que solo tienen pizzas y comida así. Ahora, ella va al supermercado y ha aprendido a hacer una compra sana. Se prepara el tupper a las cinco de la mañana y se lo lleva, me han cambiado a mi hija (ríe). Antes era como yo, lo primero para ella era la comida, después su madre y su padre.

P.: ¿En qué parte de América está?

R.: Vive en una aldea rodeada de treinta patos y cuarenta gatos. Está en el estado de Nueva York, ha pasado el invierno a menos veinte grados. Está deseando volver y ponerse el bikini. Vendrá en mes y medio. Después se irá a hacer la carrera pero no tan lejos, quiero mandarla a Inglaterra para tenerla más cerca.

P.: ¿La has echado mucho de menos este año?

R.: Sí, no te lo puedes imaginar, me he quedado sin compañera de viaje. Mi madre va y viene y mi hermana tiene su vida. Mi hija lo era todo, me siento en casa y me duele, se me saltan las lágrimas.

P.: Igual es buen momento para encontrar una pareja…

R.: Un hombre no va a sustituir el amor de un hijo, te da otras cosas peores (ríe). También es necesario; tengo cosas, no soy una monjita que está encerrada en casa.

P.: ¿Qué tiene que tener ese hombre para que pase a ser algo más serio?

R.: Que sea muy tío. Que sea un tío caballeroso, con sentido del humor, de verdad, leal, legal y fiel. No pido ni fidelidad, sino de lealtad. Pido un tío valiente, de verdad, que ejecute y que no tenga dobleces, que tire para adelante.

CH: ¿Perdonarías una infidelidad?

R.: No lo sé. Hasta el día de hoy no he perdonado nada de eso jamás, que yo sepa no me han sido infiel. Cualquiera sabe (ríe).

P.: ¿Alba es tan exigente con los hombres como tú?

R.: Alba va a ser peor que yo. Tengo una hija con diecisiete años pero es muy niña, me gusta que sea así. Todavía no ha tenido novio serio, habrá roneado como hemos hecho todos. Cuando tenga novio lo mejor es que me entere yo primero y después su padre (ríe).

P.: ¿Crees que finalmente veremos un encuentro entre Manuel Díaz y Manuel Benítez?

R.: No lo sé, hemos pasado de la indiferencia a un sitio en el que aceptó y gritó que era el padre, y ahora estamos en otro punto en el que ha dicho déjame en paz. Hemos pasado de “es mi hijo y lleva mi sangre” a decir “déjame en paz”. Estamos ante un hombre diferente y único, que tiene sus locuras, quién sabe si ahora ha dicho “déjame en paz” pero va y lo busca. Manuel Díaz siempre ha hablado desde el respeto, ha sido elegante, ha aguantado, respetado y aprendió a amar sin conocer.

P.: Dijiste que no querías que Alba conociese a su abuelo hasta que lo hiciese su padre, ¿sigues manteniendo eso?

R.: Sí, pero no lo digo yo sino mi hija. Alba está esperando a ver qué ocurre, ella estaba muy ilusionada cuando vio a su padre tan feliz. Su padre era otro, su padre ha vivido un mes increíble. Hemos pegado un paso atrás, creo que es decepcionante.

P.: Julio Benítez sí lo está apoyando mucho…

R.: Sí, Julio y Manuel se han hecho hermanos, lo que eran. Comparten muchas cosas, entrenan, se ven y quedan. Ya era hora, si no ha llegado el padre ha llegado el hermano, la profesión les unió.

P.: Algún día llegará el padre…

R.: Cuando tenga tiempo y mi hija esté aquí espero poder pelear por el encuentro entre ellos. Siento que tengo que hacer algo yo, creo que puedo hacer que ocurra; tengo esa corazonada. Mi padre se fue rápido y no lo consiguió.

P.: ¿Y si fracasas?

R.: No pasa nada. Me muevo por el corazón, lo pienso y ejecuto. Mi padre siempre estuvo al lado de Manuel Benítez e incluso en mi boda peleó por que estuviera, pero era complicado. Ahora lo veo menos complicado porque se ha separado de su mujer, creo que podemos hacer algo. Si puedo, daré un paso y a ver si puedo unir algo que para mí también es importante, es el abuelo de mi hija. Le puso el caramelo en la boca diciéndole que era su padre y ahora se lo ha quitado. Es uno de los toreros que han hecho historia, tendría que echarle valor, si se ha puesto delante de más de mil toros puede con esto, Manuel es un becerrito. Es un tío muy fácil.